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Primer Capítulo:

La imaginación de Maria Perego germina la vida ficticia y el nacimiento de Topo Gigio, que solo vive en la cabeza de Maria.

Hace muchos años había un arbolito de Navidad, era pequeño y un poco extraño, hecho de una esponja  verde. Este material era un material muy feliz y brilloso. Hecho de una partículas modernas y diferentes, y mezclado  con otros materiales que lo hacían particularmente suavecito.

El pobre arbolito se pasaba los días en la ventana de una peluquería, en un angulito solo, pero como ya estaba llegando la Navidad lo pusieron encima de unas  luces brillosas y coloradas, pero el arbolito estaba conectado a un cable muy rustico y nadie, ni los pasantes les prestaban atención.

Para el arbolito fue un día particular cuando una niñita rubia les dio un vistazo con interés. Y caminando por la ventana, se dio cuenta de algo especial con ese arbolito, regresaron sus pasos y entró a la peluquería. Al momento, tan cuanto estaba envuelto en un pañuelo perfumado y de seda suave. De volada la niñita lo puso en su bolsa junto a todas las cosa más inútiles que se hallan en la bolsa de las mujeres.

El arbolito no podía dormir, pero al pasear de la niña y al arrullar, el arbolito finalmente se durmió.

Les estoy contando la historia de este arbolito por una razón muy importante, es que ese arbolito de Navidad, fue nada menos que mi antecesor y precursor. Por favor sígame con paciencia y verán que esta historia no es del otro mundo…

La niñita, que no era nadie más que Maria Perego, se asombró por el material de cual estaba hecho el arbolito, una esponja brillante y lija, un plástico desconocido. Con ese material ella podía crear muchos títeres, así aumentar su repertorio ya bastante repleto de Arlecchinos, Pulchinelas, brujas, magos, príncipes,  princesas y muchos más.

Los títeres que ella podía construir con el maravilloso material, tenían la propiedad de ser perfectos para los primeros planos de la televisión, las caras se veían suaves y lisas. El material era maleable, se prestaba bien para esconder los mecanismos que se usaban para los movimientos de la boca, los ojos, los dedos. Casi daba la idea que las creaciones eran vivas y verdaderas.

Después de mucha investigación, sin hacer el cuento larguísimo, María fue entusiasmada de haber hallado la fábrica donde se fabricaba el precioso material brilloso que para ella de verdad precioso.

Segundo Capitulo: El laboratorio de María Perego estaba lleno de alegría y entusiasmo. Con el nuevo material una gran variedad de títeres se habían creado, pero Topo Gigio aún no había nacido. >>